sábado 4 de julio de 2009

Heal the world. M.Jackson



There’s a place in your heart
And I know that it is love
And this place could be much
Brighter than tomorrow.
And if you really try
You’ll find there’s no need to cry
In this place you’ll feel
There’s no hurt or sorrow.
There are ways to get there
If you care enough for the living
Make a little space, make a better place.
Heal the world
Make it a better place
For you and for me and the entire human race
There are people dying
If you care enough for the living
Make a better place for
You and for me.
If you want to know why
There’s a love that cannot lie
Love is strong
It only cares for joyful giving.
If we try we shall see
In this bliss we cannot feel
Fear or dread
We stop existing and start living
Then it feels that always
Love’s enough for us growing

Make a better world, make a better world.

Heal the world
Make it a better place
For you and for me and the entire human race.
There are people dying
If you care enough for the living
Make a better place for
You and for me.

And the dream we would conceived in
Will reveal a joyful face
And the world we once believed in
Will shine again in grace
Then why do we keep strangling life
Wound this earth, crucify it’s soul
Though it’s plain to see, this world is heavenly
Be God’s glow.

We could fly so high
Let our spirits never die
In my heart I feel
You are all my brothers
Create a world with no fear
Together we’ll cry happy tears
See the nations turn
Their swords into plowshares
We could really get there
If you cared enough for the living
Make a little space to make a better place.

Heal the world
Make it a better place
For you and for me and the entire human race
There are people dying
If you care enough for the living
Make a better place for
You and for me.

miércoles 17 de junio de 2009

Horca y obligación



Si me quito
la horca de la vida
podré respirar de la rutina,
versos hediondos de cinismo
pero excentos
de la maldición de esta estadía.
Y, lo entiendo,
gusto
de pasar deseapercibida
contradiciendo este ego dominante
que a veces necesito,
para sentir que sigo viva.

Arranco
de raíz la savia roja,
la pasivida de cementerio
idiotamente urdida.
Me gusta -yo lo sé-la controversia
el drama y la despedida,
pero el diablo -morboso siempre-
susurra a mi alma herida.

No es herida, replico yo
día tras día,
es tedio, tedio puro,
y exceso de cobardía.

Quisiera ser alma veloz
de la flor fugaz, de la mirada herida.
Mariposa errante
que trasgreda normas
en defensa de la vida.
Pero no puedo, y aquí me quedo
llorando y aburrida,
esperando al Mago, al príncipe siniestro
que me demuestre que aún queda
...alguna alternativa.

Dime que puedes salvarme Dios de la nada,
Dios de la cobardía,
que existe mercenario que
puede detener mi partida.
Demuéstrarme, que -aunque respiro-,
si no me arriesgo no aprendo
y permanezco pasiva.

¿Me secuestrará, Sensei, del abandono,
de la falta de osadía?

Ni poeta soy, ni mujer de un día,
no dura una noche mi amor feroz
ni la sexualidad crea vida.
Solamente soy yo
y un yo
que no entiende de obligación
y no entiende de la vida.
Internenme,
por favor,
con la mirada perdida,
que deje de creer en Dios,
que deje de creer
que el amor puede trascender la vida.

viernes 5 de junio de 2009

Ruleta rusa




Me quedo sentada, admirando,
la estúpida insistencia de la bestia,
que anuda los cordones a lunares
invisiblemente gris de mi existencia.

Aún observo la ironía del destino
que a estos caminos malditos me condujo,
y me aferro, sola, triste y testaruda,
a ese hueco idiota del desastre.
No comprendo, caballero, su insistencia,
si mi mundo se rompe de a poquito,
lo que admira son meros cuadros huecos
que aprendí a pintar como alma ilustre,
porque es fácil fingir a que sabemos
jugar el ajedrez de la rutina;

Mi reloj no cuenta ya las horas
que separan egoísmo e inconciencia;
me entregué entera y pacífica
a la ignorancia feliz de aquél que ignora.
Y sonrío cual de plástico muñeca,
y asiento constante a su crítica,
mientras la voz se queda sola y tuerta
y un cuervo grita que se asusta.

Ya no vale la pena el desafío
de derrumbar posiciones superiores,
todas ellas me cansan de estar viva,
y solo agrego más balas a mi nombre.

Se sonríe de costado mi enemigo,
me sonroja el tono audaz de ese fantasma,
me siento incapaz ya de estar viva,
ya no quedan más vidas que jugarme.
Solo espero en la ruleta del destino
el tiro eficaz a la hora de tirarme.

Ying-yang



Acomodo mi cabeza en la mullida
soberbia entumecida de tus manos
aunque entienda
que todo es una mentira
me regocijo
en los límites malditos de tus labios.

Y la espera no revienta mis neuronas
y el asco no sacude mi pereza,
porque entre tu soberbia y mi egoísmo
solo media medio gramo de tristeza.

Han muerto ya todos los gritos,
la supervivencia del cobarde era evidente,
me permito descansar junto a la hoja
transparente y hedionda de la vida.
La mediocridad- estaba escrito-
debía de ganarnos la partida.

Ya no quedan más salidas, mi amigo,
aalvo
reconocer la debilidad de nuestros cuerpos;
la maldita conexión desconocida
con un par de poetas y mendigos.

Coronando el cuadro de la hipocresía
llega tu ego junto al mío de la mano
porque te odio tanto como puedo
porque eres mi Némesis, mi cruel opuesto.
Mirarte me obliga a analizarme
y cada vez es peor lo que advierto..

miércoles 6 de mayo de 2009

Egeaus en su señuelo



*De mis ojos consumidos*

El miedo no toca el mar
como nombre que abre los prados
de una muerte azur;
su costado oblicuo
siempre será arriado por la luna
y sus impulsos mórbidos
el encaje victimario, cutáneo
en los perímetros salinos
de mi tacto etéreo.
-Religioso va el silencio-.
Y no temo ni respondo a su fantasma.
Sumerjo, transito sin rozar
las notas de verbena cebadas
en la sangre yerta de mi sol.

Invertiremos
cuatro gotas de lamentos,
saciaremos el silencio
condenando al infierno
a este mi pensamiento.


Deduzco
las aureolas de lo eterno,
socavando de altas dudas
mi morboso entendimiento
y acepto la desdicha
de la mediocridad del cuerpo,
la degradación final
que los gusanos comieron.
Pero imposible sería
detener la curiosidad
que me incita a ver en lo feo
la última realidad
de lo que un día fue bello...

y entumecido en mis roídas redes,
veo sigiloso el filo de sus ojos,
surge ella, levigando el marco de madera.

Sentado en el lado opuesto de la luna,
retraído, en medio de cánticos de sirenas
y espectros de sutil belleza,
el jardín de espinas se perdió
en los espirales del ave negra,
dejando huellas de un crepúsculo
dueño de figuras
saboteadas en el cielo y
reflejadas en el algodonoso
deseo de una efímera flor.



Desde ahí,
la sombra revuelve mi propio infierno
de recuerdos de hojas pálidas,
veo noches masticándose
en nubes encefálicas,
-no fui yo a perderme a su mar-
ni el suelo me detuvo en la mutación,
sólo algunos pasos bastaban.
¿Dónde quedé yo con mis flores?
¿Dónde quedó el tiempo
que no se prende de mis corneas?
La tinta escribe su utopía estéril,
mi cama no disfraza más
las auroras sin piel,
las cortinas de seda se han bordado
con hilos de este presente adulterado.
No hay distancia entre el pecado
y mi miedo
no soy yo quien daría el reposo
a sus gélidas miradas.


*Et dentis*

Un lirio del pecado,
dos agujas colgando de revés;
treinta, dos.
Y el sahumerio verde
de un epitafio que se inclina
a ser devorado.
La espina, cuenca y redondez,
la silueta de sus flamas
encaprichadas en mi fiebre.

Irá una perdida resaca a dibujarles
entrelazando una vida
- y un margen tan finito
como el peso en su deshielo-
al arco decaído de la pena
se destiñe al horizonte y renace
el ensueño reprimido
que se escurría entre los dedos
.

El camino hacia el infierno
se hace obtuso;
la agonía del recuerdo
se transforma
en el verso compañero,
en virtud
de esos marfiles de hielo,
y del hechizo
que sobre mi juicio ejercieron.

Morbosamente aguardo
el despintar del universo,
óleaos añejados de lamentos.
Fúnebres los versos
de esta podredumbre del tiempo
que se han hecho eco
en la atroz cara del silencio.

Irritado queda el camino
por el que voy,
quizás es por la evocación
del fantasma que me precedió,
quizás por la muerte
que de mujer se vistió.
Y yo,
que ya ni hombre se puede decir que soy
aún recuerdo el dolor.


No hay un después
a las tormentas incubadas del delirio;
A ese
volcán de convulsiones en nubes de gangrena,
amplexus de pupilas líquidas
contemplando el brillante marfil
en aquel espasmo antes rosáceo.

La monomanía instintiva deslizándose por los pies
y la pandemia como fila de hormigas
rondando por las quijadas.

Los nervios saboreando el porfídico momento,
en el rincón aquella macabra sonrisa y
la silla invertida.
¡Mi única existencia!
maldiciendo… amando…
a la naturaleza blanca custodiada
por débiles mejillas contraídas

sus fatídicas mejillas sin vida,
las pestañas encorvadas
moviendo minutos teñidos e intransitables.

En el desván,
su ajuar de mujer se esconde,
cómo si no quisiera tocarla,
vivo de la frágil epopeya de comerte
con esos roces de segundos en mis corneas,
ya no eras tú mi angel salvador,
ya no era yo,
ni siquiera dentro de mi cuerpo.


Los aullidos resbalaban desde
la palidez de su presa,
su inmóvil grito refleja
los vidrios de iris en donde ella tiembla,
ella que dejó sus piedras
hundidas en mis huecos.


*Deambularte sin carmín*

Pisando con los pies de plomo
y la habilidad de una gacela,
la pluma que en su caída desborda
de beldad a los lamentos.
Ella se encoge y no dormita
en la brusca lumbre
de un sol pálido en su frente.
El lecho se hizo para los muertos
y las sombras, la visten
coloreando su virtud de flor
con la húmeda jaula de ocho letras.
Resistir.

Lúgubre agonía
de un inquilino en el viento,
la música de los cuervos
se mecen en su débil cabello
retratando los ojos bellos y etéreos,
la imperfección de la nebulosa palpitante
y los tentáculos iridiscentes del deceso
.

Bebía de a poco la sonrisa rota,
corría fría
y alegre entre gotas de la fuente,
ella caminando hacia él
con sus ojos mutantes,
los desiertos eran ojos de polvo,
labios secos que no perdonan,
la sequía pronunciaba sus dientes
-sus hundidos dientes…-
le diré
¡Déjale abierta la puerta!
déjale tu velo blanco
y la vestimenta oscura,
déjalo pararse con tu sombra,
los lirios lo traerán después del entierro.


Es entendible
la entropía de Berenice,
¿a dónde partirán las Valkirias
si hay un puente invisible
que paraíso e infierno unen y coinciden?

Si el guerrero duerme
la Dama Negra se lo lleva,
en vuelo ausente
lejos de la física esfera.
Sacuden
la tierra lisonjera,
y el susurro determina
que extirpe piel y diente
de la boca del fantasma
que -aunque espectro- yo añoraba.


*Golpe, caída, desparramo*


Una esquina
cuatro despertando;
un rincón
ocho, y el vacío.
Los ojos no son más
que un peso incógnito
aplastando mi nariz

¿A dónde fue la puerta,
esa, donde cruzaba el último filamento
que me ataba a despertar?
cuando
en la ventana se asomaba
esa tétrica escarlata
adornada de deidades profanadas
en el espacio finito de conmoción
-entre mis seres y yo-
Esos de susurros tentadores
y cascabeles agitándose;
desperté pensando
( pensé existiendo),
sintiendo el palpito en los labios
y las contracciones que seguían
la curva del temblor.

Anhelo un ayer eterno,
sumido en la caverna del deseo,
paraísos terrenales y
látigos mortales.
-Berenice regresó-
La gélida neblina de la colina enferma
me abrazaba sin saberlo.


El nimbo blanco
se estrellaba en algodones,
filosos colmillos
conspiraban en su boca,
grite y me guardé su sonido hemisférico
con el moho de su figura absurda,
desgranaba del mar sus sales con el
lóbrego deseo emergido hambriento,
desde sus treinta y dos formas
la mente mellaba su posesión falible,
“No era más mi nombre
sin esas perlas de satín clavadas
en osamenta hueca”.

Callaron las caracolas por la tarde,
el crepúsculo cayó de sangre espesa
entremetiendo el rito coagulado a mis ropas.
Un cuerpo desquiciado aullaba
su profanación.
-Berenice se rompió-
Despertó con el conjuro del dolor,
desperté la boca
que sólo llegó a la mitad de su muerte,
me vendí en pedazos,
sus vendas en los pies fueron rojas entonces,

pero más claras en mis sueños.


“Portadora de victoria”
los Macedonios te titularon,
pero no hubo linaje espiritual
que te salvase de esta enfermedad.
En este rictus mortuorio
nada queda de vitalidad,
de magia o de maldad.
¿De qué ha servido
esta raza de visionarios
si toda esta ostentación no puede devolverte
esa tersa y blanca piel?
No puedes ser hoy
un simple fantasma
de las ruinas del recuerdo.

Observo
aún observo,
con pulcro detenimiento
la igualdad de los catetos,
de la hipotenusa de este verso,
que en diente triangular se convirtieron.
Pero no te amaba, no,
pero te admiré
cuando se apoderó de ti esa degradación.
Y debí tenerte
entre efímera y ausente
porque ni siquiera la muerte me alejaría
de aquella marfil obsesión.
Noche o día,
vigilia o ensoñación;
sé que hay límites específicos
pero no logro determinar
en cuál de ellos
me encuentro yo.





Sinopsis de la novela
BERENICE (Edgar Allan Poe)

Egaeus es un personaje que se adentra en ese mundo de los mínimos detalles, se pierde en el tiempo y la realidad, su enfermedad mental es ese mismo desequilibrio en donde lo normal atraviesa las paredes de lo sensato.
Berenice- tiene una vida sana hasta que llega el momento de su propia enfermedad que termina por darse en ataques de epilepsia que también la llevan a la catalepsia, su cuerpo y su mente entran en declive y va perdiendo sus colores frente al obsesivo Egaeus.

En ese universo ella llega a los ojos de él de otra manera, pierde su forma humana y pasa a ser un espectro, en un capítulo marcado por el autor Egaeus tiene ese encuentro con la detandura perfecta y blanca de ella. Su obsesión se vuelve tal que llega a sumergirse en un estado amnésico del que despierta después del funeral de su enferma prima; Su ropa se encuentra manchada de sangre, hay huellas de rasguños en sus brazos, una pala cubierta de tierra recargada en la pared, recuerdos en su mente de los gritos de terror de una mujer y uno de sus sirvientes frente a él hablándole de manera horrorizada con palabras cortadas lo sucedido, se ha escuchado un grito aterrador, hay una tumba violada, un cuerpo de mujer desfigurada y un cadáver que aun respira.

Mitra
Maika S.
Noctua
Bastet*

sábado 18 de abril de 2009

La Gota.

Desangro el pensamiento
por esta pluma muerta;
me quito
el portaligas negro
de este sentimiento.

En la orilla del colchón
se masturba la esperanza
en plena demolición.
al menos, comprendamos,
no necesitamos fingir pasión.
Rasco
la felpa
de este ombligo sin condón.
Perdí el tiempo
a la vuelta de la esquina
y un suspiro en el sillón.
Permítame la retirada
esta melodía no me sació;

La gota
de tristeza malparida,
se desliza por mis carcomidas
neuronas de cobardía;
Alimenta
mi pecho desnudo, el desconsuelo
de saber que intuyo
más de lo permitido.
Bailo
de la mano de la locura,
sonrío
con el viento dormido,
y me autocompadezco,
por aquél angel caído.

Hemos decidido existir, amigo mío;
ha sido un sí rotundo hacia la existencia.
Las gotas de sangre de las paredes
son juegos mentales que emitimos
sabiendo, simplemente,
que cada día morimos
hasta un poco distraídos
de toda esta hipocresía.
Y
no es que haya una razón coherente
para el milagro de la vida,
se trata del capricho inconsciente
del que aún se siente vivo;
la libertad otorgada
por aquellos raros placeres
de lo extravagante de la vida.
O Por la soberbia
de los malditos caprichos,
o por pura misantropía.
de desear sin razón,
a la mujer que me precedió.

Es locura temporal,
le digo a mi doctor,
y no me importa
ni me importó.
La vida se hace a retazos
de compasión y decepción,
nada pido y nada doy,
salvo lo poco que soy.
Algo de serenidad otorga
este fantasma de unión.

sábado 4 de abril de 2009

Espinas de Ginebra (Dueto con Joan Port)

Y sigue acariciando
a las puertas de tu casa
el pelaje negro
del famélico perro de Montevideo.

En el fondo de botella flota
entre el rojo atravesado de los pétalos,

la crueldad que se viste de seda
y es la tercera en el colchón.

(Añoraremos los vestigios
de la visión que nos precedió
hoy
que intangentes somos
en rutinaria obsesión)


Las espinas de ginebra
de la carne vagabunda del mundo,

en un mar de princesas
abandonadas a sus suerte,
delimitan la integridad
de la realidad efímera
que nos obligan a aceptar.

Implosiona
desde el interior
el efectivo adoctrinamiento
de una sociedad anormal
que intentan legitimar.

Aún así,

ambos sabemos,
no existe mas verdad
que la mano del poeta
acariciando ante las aguas
océanos de piedad.

Hemos sido
-sistemáticamente- educados
para obedecer sin preguntar.
No obstante, las máquinas,
no consiguen soportar
nuestra incómoda manía
de buscar nuestra verdad.

Los progenitores no cesan
de evaluar qué salió mal
en el producto final
¿Cómo fue que el azúl- rosado,
se convirtió en oscuridad?

Jugaremos hasta el fin,
mientras quede esperanzas ¿verdad?


¿Quizás oren los dioses
en la gola que derrama
dulces néctares de piedad
hacia la boca del sediento?
barquitos y veleros
entre los grilletes del esclavo
pudriendo en la muerte del metal
el ansiado oro del desierto.

¿quizás
sea el peor de los exilios
la piel de yema que se aleja
entre dedos de mujer?.


Quizás esta ginebra
nos permita ahogar
pensamientos nefastos
pero compartidos en integridad.
En la mano, la paloma,
presta está a renunciar,
pero el cuervo viejo enseña:
no podemos claudicar
mientras exista
una miga aún de amistad.


Joan Port
Maika Silva

sábado 14 de marzo de 2009

Extirpe indígena

Indio
de blanca tez y determinación cruel.
El de la rutina diaria
de la máquina humana,
el del alma de indio
en el tiempo guardada;

aparece entrajado,
en textiles modernas.
Hombre encarcelado
de extirpe lejana,

acaricia
mis costados imaginarios
y obliga a mi alter ego
a juzgar mis entrañables
pecados capitales.

En "el mundo real"
ambos somos despreciados
y, es más,
de conocernos en la calle
probablemente seríamos odiados.
Él me consideraría
una vacía mujercilla,
en exceso consentida
caprichosa e indecisa.

Seguramente yo odiaría
su soberbia
brutal y desmedida,mas
la vida quiso
que nuestras almas comprendieran
lo importante de la disparidad

Honestidad y lealtad
son los bastiones
de nuestro pabellón principal.
No traicionaremos
lo queda de espiritualidad,
si en nada nos parecemos
esa ha sido
la unión alquímica principal,
dignas aleaciones de metal.

Mi piel roja camuflado
¡con qué gusto he de conservar
lo que me has enseñado
a reflexionar
de esta locura que llaman vida
a la que tú y yo quisiéramos renunciar!

Porque no temes esbozar
los esboozos de maldad
con los que dedemos
-por naturaleza- cargar;
lasceremos espíritus
indignos de presenciar
la hermosura de la amistad;
abramos puertas
"el camino
siempre abierto
para que partan, está..."
pero, caminante nocturno,
las puertas son pequeñas
si deseamos luchar,
muchos nos acompañarán.

Tú, el insoportable,
que exaspera a la humanidad;
yo, la que disfruta
de problemas causar,
caminemos, -soberbiamente-
sobre espinas de oscuridad,
pero de la mano, hermano,
descifraremos la lección principal.