miércoles 11 de noviembre de 2009

Epidemia



Tropecé con la mentira

y caí en el pantano, Diosa Tripe,
pero salí fortalecida.

Quizás sea una epidemia
la falta de valentía,
o el dibujo bicolor
-absurdo-
de esta hipocresía.

Juego
con el morbo de su herida,
le doy vueltas
cuatro veces tres, a su huída,
me echo en el sillón
simulo estar herida;
salto
al abismo del colchón
y acepto la enseñanza de la línea.

Conjetura y desilusión
pensaría la Clérigo
que un día me aconsejo,
pero
la Maga sabe de perdón,
sabe de tedio, sabe de pasión.

Me gusta darle vueltas
al demonio de esta unión,
verlos correr muy lento
rumbo a la decepción.
No me pinté de colores
y, aún así, me divirtió.

Soy cruel y no lamento
ese encuentro, ni este adiós
.

jueves 15 de octubre de 2009



Me gustan los sitios nuevos, con caras desconocidas y códigos que no manejo.
Es fácil, siempre es más fácil, que moverse en la ciénaga de lo certero, de lo predecible, de lo concreto.
Vamos crando estelas, y las dejamos, entre las ramas, por si algún duende decide
molestarnos y hacerno la broma atroz de enamorarnos.

No me gustan los sitios seguros, los de hace tiempo. La gente se cree con derercho a determinar
qué es lo que sería mejor para tu vida, y tú luchas pero te cansas
y acabas viendo como la partida se deshace entre las manos, como dejas en impasse tus ganas de aventurarte.
Desprecio los cánones gastados, las mismas líneas, aborrezco el gesto secular de la prudencia, yo solo entiendo de primaveras y árboles secos,
de la naturaleza animal que espera, equilibrada entre el pie fétido de la sociedad que enajena.

Recuerdo entonces, como me viera, en otras eras, en otros tiempos y me sonrío apenas a tientas, apenas viendo lo que yo era.
Ellos no temen, aguardan correctos, porque aún se creen el cuento de madera, que no se quema que no está fresco. Y, sin embargo, espero quieta, el momento oportuno de sorprenderlos.

miércoles 14 de octubre de 2009



Del Cuervo al Águila:

Son cuatro.

Cuatro parejas, ocho vampiros.
Oscura pared interior de un antiguo Monaestrio que alberga enormes marcos de ventanas, sirven de soporte a los mismos.
Son de distinatas épocas terrenales, lo sé por sus vesrtimentas. Curiosamente, se hallan ordenados en form ascendente a su dominio temporal. Acá estamos, al final de un cambino, ellos y yo. No puedo disparar, ya no tengo a dónde, así que me doy vuelta con la mejor sonrisa que pude ofrecerles. No temo, ya no temo, aún cuando entiendo lo que sucederá...si permito que suceda.

Ellos ya no sonríen. Entiendo que captan la fortaleza de este algo que me rodea. No estoy sola y no tengo miedo. No temo porque no concibo la posibilidad de que ganen...de que yo pierda.
Buscan algo, no algo que cargo, sino algo que se halla diuído en mi materia, enlazando cada átomo, cada molécula. No sé que és, no tengo idea, pero entiendo que para obtenerlo deben deshilare por completo. No me molesta perder el cuerpo, después de todo es un fin inevitable pero, esta pérdida, es de mí misma, y no entiendo la idea. Siempre fue mi razón prncipal para negar la muerte como la conciben algunos: como cesación. No concibo dejar de existir, no el físico, sino yo. Este YO que no puedo describir, que necesitaría infinitas palabras y sin embargo no sería descrito, este yo que necesita de silencios para ser definido, de una sensación simple que no es posible explicar pero que todos conocemos.

¿Por qué quieren esto?
¿Por qué mi YO?
¿Por qué YO?
¿Por qué no entiendo qué es esto que llevo?
¿Seré capaz de verlo?

Aún con toda la ignorancia y las dudas, el instinto de supervivencia me hace protegerme automáticamente. No disparo...pero ya no necesito hacerlo.

Ellos están, Águila, en la parte del Universo hacia la que usted salta. Saltar sería suicidio pero ¿vale la pena esparar?
Después de todo, quizás sí necesite su espada...

domingo 11 de octubre de 2009

Peregrina de la Tierra

Dicen
que a través de sus ojos
puedes ver el infinito.
Sus enormes ojos fijos
son portadores
de felicidades y sorpresas;

a veces encandilan
a veces serenan
jamás pasan desapercibidos,
porque verla es perderse en ella.

Es salvaje,
pasional y pequeña;
no siempre se la entiende
porque es pura simpleza.

No entiende a los hombres
y -aún así- no condena;
entiende, perdona y sigue
creyendo
en la magia de la Tierra.

Un día la ví sentada
esperando que lloviera,
me explicó que para
transmutar negativismo
son efectivas las tormentas.

Sonrie
entre despistada e infantil
en el infierno del planeta,
camina entre muertos
-y sin embargo no desespera-
cree, tiene fe
en que la humanidad espera
un salto evolutivo
hacia las grandes esferas.

No puede guiarlos a ella
pero puede acompañar
a los despojdos del paraíso,
aferrados a la Tierra.

Sueña
que entre entre la naturaleza
Gaia la baña
de magia simple y serena.

sábado 10 de octubre de 2009

Alquimista del silencio


La Maga se aleja de los elementos
del círculo de fuego,
abre
la invisible puerta
que lleva hacia los muertos
y la cierra tras de ella.

La espada reluce
en vano sin su dueño,
el hechizo solo puede
cobijar su sentimiento.

La Maga aguarda
la apertura del tiempo,
él la espera
al otro lado del universo;
ya no hay miedo
cruzará las piedras,
se deshará
de los relojes traicioneros.

No lleva nada consigo
salvo la paz y el silencio
de haber hallado -al fin-
al hombre de sus sueños,
al simple
Alquimista de los tiempos.

martes 15 de septiembre de 2009


Quizás puedas deshacerte en la espuma
de mi mar embravecido y naufragado;
quizás puedas seducir incluso al viento
y te otorgue invisibilidad a corto grado.
Pero dan iguales tus razones coherentes,
dan igual tu intentos racionales,
me dan igual, siempre me han dado;
he aprendido a escuchar al firmamento
y las gotas de la mar ya no saben tan salado.

Ahora entiendo los misterios
de relojes de pared dibujados;
entiendo -quizás- tarde
la melodía de un silencio impronunciado.
Pero he descubierto que el cariño
puede existir solamente desde un lado.

Ahora ve
recorre los caminos,
sé víctima sombría
de todo tu pasado,
pero has de saber, cariño mío
que no he sido tu enemigo
y que estos versos aún no me han marcado;

me da igual que te vistas de soberbia
me da igual que te escondas en sus brazos,
escribe un mar de versos
y de amores perfectos e inhumanos;
he venido y no podrás impedirme
que simplemente, me quede aquí a tu lado.
No notarás mi presencia (jamás la has notado)
moriré de impaciencia
pero moriré a tu lado.

viernes 11 de septiembre de 2009


Fue culpa de Darwin
que se olvidó de predecir

la evolución de los minutos,

de los relojes dibujados
o de Cupido que se clavó la flecha

en medio de su propio glúteo

luego se esustó y escapó a esconderse
o de un Zeus enojado
porque hay demasiado silencio en los rumores.

Yo no sé -ni me interesa-
qué cosa pudo haberse dado,
solo veo cobardía,
soberbia y desinterés
en contraparte de un interés exascerbado.


Menos mal
que me duermo en los rincones
arrullada por negros Cóndores o Halcones,
o acaso me despierta

algún hueco en la pared desdibujado.

Pero siempre me pongo en pie
nada importa tanto,
(viajes, relojes, naufragios)
queda tanto por vivir

tanto por perecer desarropado.

Cada comienzo es un final ya presagiado.

Hipocresía


Si la soberbia traza toscos rasgos
pero los idiotiza;
si esconde el ángel alas de amante aburrido y dignifica
el hastío de ver siempre lo mismo,
es entendible,
-según mi juicio-
que me declare loca, sinvergüenza o testaruda.
Dibujo en la pared
el marco de una puerta que no abre
la empujo pero no tiene picaporte,
trazo el sol en mi mente
¡tremendo disparate!
pero me ilumina con sus rayos cálidos
y entiendo la ironía de aquellos relojes.

¿Por qué debemos seguir sus reglas, entonces?
¿Por qué no puedo crear las mías propias?
Suena loco,
anoréxica ficción de lo social,
estúpida inocencia de ilusa,
riesgos innecesarios,
entrega total y profunda.

No importa lo que pierda
mientras no me pierda a mí misma.
Seguiré, entonces, diciendo disparates,
permaneceré oculta y predecible,
inocentemente aburrida y vulnerable,
me dan igual sus rasgos de mentira
sus estúpidas razones inventadas
la convicción de que el payaso
usa siempre su sonrisa
y una careta tan disparatda
que da nauseas de tener que presenciarla.

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