martes 26 de agosto de 2008

El príncipe SapO



"...ni todos los príncipes son sapos"
-añadió.
Era innata
la nota de decepción.
La Bruja
como Hada se agazapó
y él pudo sentir su dolor.
El blanco cuervo
de azabache se engalanó
detrás se su gemela alma
el vuelo emprendió.
El Príncipe Sapo
en las entrañas acuosas
de la Tierra se internó.
No es que quiera
-se dijo-
destruír su quimérica construcción;
el destino
a encontrarnos nos llevó,
pero mi Hada debe
mirarme sin decepción.
La Magia buscada,
nacerá de tal unión...
Él lo sabe,
porque despertó,
en el momento preciso
en el que ella se durmió.


Y el Príncipe Sapo
que de todo, antaño, se vistió,
encontró en ese traje verde
su verdadera liberación.

El Hada
el camino a lo real deberá
hallar por propia suerte y verdad;
el príncipe no se mostrará
hasta que ella como sapo no lo pueda aceptar.

Se recuesta
y sonríe al contemplar,
en el lago, reflejada,
su encarnación principal:
ni mago, ni brujo,
sólo un hombre de vanidad,
que a las tentaciones
no pudo jamás renuciar.


Su Bruja, buscandole,
las pisadas le seguía,
pero caía,
la reina en cada partida.

El Rey
jamás sucumbía
salvo a placeres
carnales de la vida.

Los alfiles,
en diagional, defendían,
a una reina
que jamás usó la huída
como estrategia para ganar la partida.
¿Por qué
hoy no reviste tal osadía?
se pregunta el príncipe,
aspirando su hipocresía.

El Sapo
-junto a la lava que ardía-
a la bruja que le pertenece
aguarda noche y día.

Ella lo siente,
mas, su cobardía
la colocó en el punte
que separa honestidad de hipocresía.
Ya no cree
en un príncipe que la rescataría
de una vida -que por momentos-
es el error de cada venida.

Él no puede
doblegar la potestad que le pertenece
a cada quien en esta vida.

Ambos caminan en paralelo
por los andenes
de un samsara eterno
...y sin sabiduría.




Archivo del blog